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Vall de Boí y Aigüestortes: paraíso natural engalanado de Románico

Vall de Boí y Aigüestortes: paraíso natural engalanado de Románico

¿Quieres conocer algunos ejemplos del románico mejor conservado de España? La Vall de Boí, en pleno pirineo de Lleida, nos permite hacer una ruta por pueblos medievales presididos por iglesias con vistas al valle y a la montaña. Una exquisitez que culminará con una incursión al Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, para completar una ruta de senderismo entre picos, bosques y agua, mucha agua. ¿Te vienes?

La comarca de Alta Ribagorza se compone por sólo tres municipios, uno de los cuales concentra un conjunto único en el mundo de ocho iglesias y una ermita declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000 por su magnífico estado de conservación. Este municipio se llama como el principal valle que lo arropa, la Vall de Boí. Apenas un millar de habitantes residen en un área compuesta por diminutos núcleos urbanos, pequeñas aldeas de casas de piedra e iglesias situadas en un extremo allí donde se respira una tranquilidad suprema mientras oteamos el conjunto de valles y montañas que convierten cada estampa en única.

Podremos impregnarnos de cultura y arte románico en armonía con el disfrute de la naturaleza. Empezando por las vistas que tenemos al pie de cada iglesia o en todo punto de la carretera en el que nos detengamos. Y llegando al éxtasis con el descubrimiento del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, el único con este grado de protección en toda Cataluña. Más de 40.000 hectáreas de ríos, barrancos, cascadas y lagunas rodeadas por cumbres que superan los 3.000 metros.

Ventederural te invita a seguir una apasionante ruta que se remonta al siglo XI, allá cuando esta hoy despoblada la zona era un emplazamiento en ebullición demográfico y cultural. En una jornada puedes hacer una ruta lo bastante completa para conocer el modo de vida de aquellos pueblos adscritos a la Corona de Aragón y conocer los secretos del románico en esas características iglesias con torres campanario tan majestuosas. Y en un par de días puedes conocer algunos de los entresijos del parque y uno de los lagos más bonitos de España. Nos quedaremos con ganas de más, pero es que necesitaríamos un mes para poder recorrer tan enorme paraíso natural…

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Fuente: Patronat de la Vall de Boí

Los nueve templos religiosos de esta zona se erigieron entre los siglos XI y XII, siguiendo el modelo del románico lombardo que fue importado por algunos maestros itinerantes procedentes del norte de Italia. Partiendo en muchos casos de edificaciones preexistentes, presentan una unidad de estilo arquitectónico poco común, basada en la sencillez y funcionalidad de las edificaciones, campanarios esbeltos, arcos ciegos puramente decorativos y trabajados murales interiores.

Pero, ¿qué sentido tenía la creación de tantas iglesias en un lugar tan reducido? Tras un proceso de independencia del imperio carolingio y posteriores contiendas entre los condados resultantes, surgió una sociedad feudal que también se benefició de la lucha entre obispados. Los señores de Erill ganaron poder en la comarca y emplearon los botines de guerra obtenidos en las campañas de la reconquista de Alfonso I El Batallador, para la construcción de las iglesias de la Vall de Boí, como una manera de mostrar su poder y de adquirir prestigio social.

Pero no sólo eran un lugar de culto: las iglesias también servían como sitio de encuentro de la comunidad y como elementos de defensa, en especial esos altos campanarios que se empleaban como torres de vigilancia y puntos de comunicación. La complicada orografía, la escasa densidad de población arraigada durante siglos y una economía basada en agricultura de subsistencia y ganadería, ahuyentó cualquier pretensión de industrialización de la zona y permitió la exquisita conservación que presentan estas iglesias románicas.

Las ocho iglesias y una ermita presentan elementos comunes pero también tantas diferencias -e historias- que invitan a una visita pormenorizada una a una, detalle por detalle. Presidiendo memorables paisajes naturales que por sí mismos exigirían una visita pues cada fotografía es única. En el caso de carecer de suficiente tiempo, te recomendamos que te decantes por aquellos templos situados más al norte, probablemente los más espectaculares: Sant Joan de Boí, Santa Eulàlia de Erill la Vall, Sant Climent y Santa María de Taüll.

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Fuente: Patronat de la Vall de Boí

Centre del Romànic en Erill la Vall

Aunque la tentación es dirigirnos de pueblo en pueblo siguiendo por orden los emplazamientos a lo largo de las carreteras L-500 y L-501, en la medida de lo posible conviene iniciar nuestro itinerario en el Centro del Románico situado en la localidad de Erill La Vall. Podemos decir que es un enclave céntrico dentro de la comarca desde el cual podemos acceder de forma relativamente rápida a las atracciones de la Alta Ribagorza, incluyendo el Parque Nacional de Aigüestortes.

Este centro de interpretación nos permite aprendernos la lección artística e histórica que tendrá su aplicación práctica en cada parada de la ruta. Conoceremos las principales claves del románico lombardo y su iconografía, la historia de cómo llegó a instaurarse en la región y la organización de la sociedad medieval que lo hizo posible, a través de folletos, elementos interactivos y recursos audiovisuales.

Santa Eulàlia de Erill la Vall

Junto al Centro del Románico se ubica la iglesia de Santa Eulalia, que puede presumir del mejor campanario de la Vall de Boí, con esa esbelta torre de planta cuadrada y seis pisos hasta llegar a los 23 metros de altura, salpicada de la decoración propia del románico lombardo: los arcos ciegos y los frisos de dientes de sierra. Se pueden admirar magníficas pinturas murales de siglo XII en sus paredes, entre las que destaca la Lapidación de San Esteban. Y como peculiaridad respecto al resto de iglesias de la zona: tiene un pórtico.

No podemos sino darnos un breve paseo por Erill La Vall, un precioso y diminuto pueblo de calles adoquinadas cuyo casco antiguo ha sido declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco. A las afueras se encuentran los restos de la antigua ermita de San Cristòfol, de la que queda en pie únicamente una hilera de piedras. Se sabe que fue una iglesia de nave única con un ábside en semicírculo.

Vall de Boí y Aigüestortes: paraíso natural engalanado de Románico

Sant Joan de Boí

Si tomamos la carretera L-501 desde Erill La Vall desembocamos en Boí, el pueblo que da nombre al valle y auténtica puerta de entrada al Parque Nacional de Aigüestortes. Conserva un casco antiguo de aspecto medieval repleto de calles empedradas y pasadizos, con restos de una muralla y una única puerta de acceso desde la ciudad nueva. Las casas son de piedra y muestran sus características grandes chimeneas, mientras que sobre el río se puede ver un puentecillo de piedra muy antiguo.

La iglesia de Sant Joan es la que conserva más elementos arquitectónicos del Valle de Boí y donde todavía se pueden ver fragmentos de sus pinturas en el exterior. Al entrar en el templo podemos ver una réplica de las pinturas murales originales, ubicadas hoy en día en el Museu d’Art de Catalunya, dentro de una de las colecciones de arte románico más importante de Europa. La iglesia sufrió un importante incendio en el siglo XIII que provocó que su campanario perdiera los tres cuerpos superiores.

Sant Climent y Santa María de Taüll

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Taüll es el más grande y conocido pueblo de los que integran la Vall de Boí. Es la típica villa de montaña de casas de piedra y calles adoquinadas que invitan a callejear sin rumbo y descubrir cada uno de sus rincones. Los paisajes del Parque Nacional de Aigüestortes son fabulosos, además de un escenario ideal para las actividades de turismo activo y los deportes de montaña. En invierno, los alojamientos, restaurantes y comercios se llenan especialmente de vida por el ajetreo de esquiadores que acuden a las pistas de Boí Taüll Resort.

La iglesia de Santa María de Taüll es la única del valle en el centro del casco urbano. El austero interior y la techumbre de madera hace dirigir nuestra mirada a las paredes para contemplar sus bellas pinturas y murales en frescos que la decoran. Pero el gran tesoro de la ruta lo encontramos más allá del pueblo, en la iglesia de San Climent, que data del año 1123 y que conserva la esencia del románico como pocas en España. Dispone de las tres naves separadas por columnas y cubiertas de madera, cabecera con tres ábsides y una torre campanario desde el cual se puede contemplar unas preciosas vistas del valle.

Pero el icono de este templo -y de todo el románico catalán- es el Pantocrátor. Se hallaba en el ábside central, combinando todas las características que simbolizan las representaciones a Cristo: el círculo oval alrededor de su figura, la falta de expresividad, los evangelistas representados con forma de animal. Hablamos en pasado porque el original se trasladó al Museu d’Art de Catalunya, pero en su lugar podemos encontrar una reproducción exacta a través de un sistema de videomapping que deja al visitante con la boca abierta.

Sant Feliu de Barruera

Si tomamos la carretera L-500 hacia el sur nos aproximamos al resto de iglesias románicas de la Vall de Boí. Hacemos parada en Barruera, un pueblo que se distribuye a ambos lados de la larga y empinada calle Mayor, con abundancia de casas de arquitectura popular con tres pisos y balcones de madera. La iglesia de Sant Feliu de Barruera alberga elementos arquitectónicos de los dos grandes momentos constructivos en el valle, los siglos XI y XII. Las diferencias constructivas se hacen patentes en los dos ábsides que conserva: el ábside del siglo XI, decorado con arcuaciones ciegas y bandas lombardas y con un aparejo irregular muy diferente de los silleres del ábside del siglo XII.

Iglesia de la Natividad y Ermita de San Quirce en Durro

Desde Barruera parte una tortuosa carretera que desemboca en el pequeño pueblo de Durro, con menos de 100 habitantes censados y posiblemente el más auténtico de nuestro itinerario, con esa arquitectura popular de casas con tejados de pizarra y balcones repletos de flores. Alejado de las multitudes turísticas más propias de otras localidades del valle, Barruera no está desprovisto de puntos de interés. De hecho, posee dos templos románicos.

La iglesia de la Natividad de la Madre de Dios -sin nombre que anda la señora- es fácil de localizar a las afueras de la villa y siempre bien visible gracias a sus cinco pisos de torre campanario. A 2 kms del casco urbano y siguiendo una pista que se empina hasta alcanzar la cota de 1.500 metros, alcanzamos la pequeña Ermita de Sant Quirc de Durro. Encaramada en lo alto de la montaña homónima, las vistas desde esta ermita con una sola nave con bóveda de cañón es como para no perdérsela.

iglesia natividad

Santa María de Cardet y la Asunción de Coll

Terminamos nuestra ruta por las iglesias románicas de la Vall de Boí por aquellas situadas más al sur. En un extremo de la población de Cardet y a través de una única calle empinada podemos llegar a la iglesia de Santa María, que tiene la particularidad de que fue construida de acuerdo a la pendiente del terreno, por lo que dispone de dos plantas. A nivel semisubterráneo hay una cripta y en planta la construcción es de una sola nave con ábside semicircular especialmente alto. La parte superior de la fachada está rematada por un campanario de espadaña, único en el valle.

Finalmente, la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción se encuentra en el pueblecito de Coll. tiene características propias que la diferencian de las otras iglesias de la Vall de Boí: los materiales de construcción, el tamaño de los sillares o los elementos decorativos de la portada, la parte más interesante del templo. En la actualidad forma parte del cementerio.

Compra de entradas y vistas guiadas para las iglesias en la Vall de Boí

La entrada a los templos es de pago, pudiendo comprar los billetes en el Centro del Románico o a través de este enlace. Los niños hasta 10 años entran gratis. La apertura es diaria durante todo el año con la salvedad de los días 25 de diciembre y 1 de enero. A través de esta web podemos reservar visitas guiadas, de pago adicional.

 

santa maria taull

Parque Nacional de Aigüestortes

Aigüestortes significa ‘aguas tortuosas‘. Lo cual es toda una tarjeta de presentación. Más de 200 estanques de formas y colores diversos, cascadas con saltos espectaculares, ríos repletos del líquido elemento procedente de los glaciares de los Pirineos que otorgan un verde perpetuo al paraje hasta en los veranos más rigurosos. Las laderas y las praderas están dominadas por los bosques hayas, abetos y pinos negros, aunque podemos encontrar hasta 1.471 especies vegetales. El Parque Nacional fue declarado Zona de Especial Protección para las Aves en 1988 por la presencia de especies como el quebrantahuesos, el lagópodo alpino o el urogallo.

El parque de Aigüestortes es probablemente el rincón más bello de los Pirineos, lo cual es mucho decir, y todo un imán para los amantes de la montaña y del senderismo. Es un lugar único para descubrir a pie a través de una de sus 26 rutas habilitadas. A decir verdad, no existe mucha alternativa: el acceso en coche está restringido y las bicicletas sólo pueden llegar hasta los puntos de información. Os presentamos unas pinceladas de cómo llegar a Aigüestortes, cómo desplazarse y las mejores rutas. ¡Disfrutadlo!

Y no olvides de este plus: el Parque Nacional de Aigüestortes está entre los mejores destinos certificados de España para ver las estrellas. ¿Quieres saber el listado completo de los lugares top para contemplar los cielos más nítidos?

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Fuente: Patronat de la Vall de Boí

¿Se puede llegar en coche a Aigüestortes?

El parque dispone de varias entradas, aunque las más utilizadas son la entrada de Boí junto con la entrada de Espot, en la región de Pallars Sobirà. El acceso de vehículos no está permitido dentro del parque aunque existen aparcamientos en las inmediaciones del mismo. Durante los meses de verano se establece un servicio de bus que acerca a los visitantes a los puntos más destacados desde varias localidades. Espectacular es, también durante la época estival, el teleférico que da acceso al parque por la Vall Fosca (eso sí, a hora y media en coche desde la comarca de Vall de Boí).

Tanto en Espot como en Boí existe la posibilidad de contratar un taxi 4×4 que acercará a los visitantes a algunos de los lugares más emblemáticos y visitados del parque. Este servicio de taxis funciona durante todo el año, con el único condicionante de la climatología.

¿Se puede acampar en Aigüestortes?

Está terminantemente prohibido acampar dentro de los límites del Parque Nacional de Aigüestortes. En los alrededores existen zonas de acampadas, pero dentro de los límites del paraje protegido, sólo se puede pernoctar en alguno de sus refugios de montaña situados por encima de los 1.900 metros. La mayoría disponen de guarda una parte del año y en ellos se puede encontrar comida y literas con mantas. En ausencia del guarda, permanece una parte libre y todos ellos están equipados con emisora de auxilio. Es muy importante reservar plaza con anterioridad sobre todo en verano. El teléfono es el 902 734 164.

pn de aiguestortes

Las mejores rutas de senderismo

Travesía al estany Redó desde Boí

Una ruta recomendable para aquellos que se centren en la visita del románico y sólo tengan tiempo para hacer una incursión en el parque desde Boí, sin largos desplazamientos en coche a otras puertas de acceso. Tras dejar el coche en el aparcamiento del Pont de la Farga tomamos un bonito sendero que desemboca en el estany de Llebreta y más tarde en la cascada de Sant Esperit.

Una vez superado el parking donde finalizan los taxis -muy recomendables para la vuelta- nos dirigimos a los lagos de Llong y Redó, este último situado a 2.200 metros de altura y que está totalmente rodeado de montañas. Es una postal digna de ver las montañas blancas reflejadas en el lago y esas cascadas cayendo por las laderas.

Ruta de les Agulles d’Amitges

Probablemente la ruta más popular del parque, ya que permite disfrutar de una vista espléndida sobre los valles que rodean al Lago de San Mauricio y visitar las espectaculares zonas lacustres de Ratera y Amitges. Comienza desde el aparcamiento de Prat de Pierró, aunque puedes tomar en Espot un taxi 4×4 que te acerca a San Mauricio ahorrándote 4 kms de caminata. Este lago situado a más de 1.000 metros de altura es el más conocido y, de hecho, completa el nombre del parque.

El recorrido de 9 kms y entorno a 4 horas de duración nos regalará la cascada de Ratera, cuyas aguas saltan hasta 100 metros. Bordearemos los Lagos de Ratera y Les Obagues de la Ratera y ascenderemos hasta el refugio de Amitges situado a 2.380 metros de altitud, cerca del cual es bastante probable que nos topemos con algunas marmotas. La ruta de ida acaba en las icónicas Agulles d’Amitges, dos agujas graníticas que, recortadas en el cielo, se reflejan en las aguas del lago. A la vueta podemos desviarnos hacia el Mirador de l’Estany de Sant Maurici, para obtener unas vistas inmejorables del gran lago.

cascada aiguestortes

Carros de Foc

Terminamos con una ruta sólo apta para intrépidos. Carros de Foc es una ruta de montaña de recorrido circular que une los 9 refugios que hay dentro del parque nacional. Consta de 55 kms y, en condiciones normales, se recorre en un periodo entre 5 y 7 días. Es imprescindible el uso de mapa porque no hay un marcaje especial. De hecho, en ciertos tramos hay que seguir los montoncitos de piedras levantados por los propios montañeros.

Una tradición para no perderse: las Fallas de Boí

La fiesta de las Fallas tiene lugar alrededor del solsticio de verano en más de 60 pueblos pirenaicos y prepirenaicos de Cataluña, Andorra y Francia. Ahora bien, la comarca de la Alta Ribagorza destaca por tener la mayor concentración de poblaciones abrazadas a esta tradición arraigada relacionada con el culto al sol para purificar los campos, los bosques y la población, además de preservarla de los malos espíritus y de celebrar la llegada del buen tiempo.

Las fallas son antorchas de madera con resina, generalmente de unos dos metros de largo, que se hacen con trozos de pino a los que se les engancha un palo de fresno con alambres y puntas. Los falleros, que son los chicos y chicas jóvenes del pueblo que se encuentran solteros, prenden fuego a los troncos y descienden la montaña en hilera hasta llegar a la plaza del pueblo donde hacen una hoguera. Los vecinos del pueblo los reciben con el tañido de las campanas y una fiesta con música que puede durar toda la noche.

Así llegamos al final de esta entrada de la apasionante ruta de las iglesias románicas de la Vall de Boí y la visita del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici. ¿Recuerdas haber estudiado este románico en el colegio? ¿Piensas hacer una ruta de senderismo por tan magníficos parajes naturales? Pues si te animas, aquí te dejamos una selección de alojamientos rurales en Lleida que completarán una experiencia viajera ¡Perfecta!

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Hasta lueeeeego.

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